Las críticas (no siempre fundadas) sobre esta nueva moneda digital van desde la pérdida de privacidad, a la sustitución del pago en efectivo o a la exclusión financiera
Hace apenas dos meses, el Parlamento respaldó formalmente el proyecto de euro digital. Se prevé que las pruebas piloto comiencen en 2027 y su implantación definitiva tenga lugar ya en el año 2029.
¿Pero de qué estamos hablando cuando lo hacemos del “euro digital”? ¿Es como un bitcoin o una criptomoneda?
El euro digital es una nueva forma de dinero que está desarrollando el Banco Central Europeo y que consiste en una versión digital del euro tradicional. Se trata de dinero público (por lo tanto, no bancario), oficial y seguro, similar al efectivo, pero en formato digital y almacenado en una cartera electrónica. A diferencia de las criptomonedas, su valor es estable porque está respaldado por una institución oficial y no depende del mercado.
¿Qué objetivo tiene esta iniciativa?
Su objetivo principal es ofrecer una forma de pago digital que sea accesible para todos, incluso para quienes no tienen una cuenta bancaria, y que además sea gratuita y complementaria al dinero en efectivo, pero sin sustituirlo. El euro digital permitirá pagar en tiendas físicas y online, realizar transferencias entre personas de forma inmediata, recibir ayudas públicas o pensiones, y disponer de una alternativa segura en caso de fallos en los sistemas de pago tradicionales.
¿Dónde se almacenará mi “hucha” de euros digitales?
Los euros digitales se guardarán en una especie de billetera virtual que, aunque parecida, no será como las tarjetas bancarias tradicionales (físicas o almacenadas en el móvil) ya que, como decimos, estará ligada directamente al dinero público emitido por el BCE y no al dinero depositado en un banco privado, aunque tendrá el mismo valor que éste.
Por otro lado, las tarjetas de débito no van a eliminarse, sino que seguirán dependiendo de cuentas bancarias tradicionales, mientras que el euro digital será lo más parecido a llevar dinero efectivo digital en el bolsillo: un saldo que no depende de la solvencia de ninguna entidad financiera ni tampoco de los pagos controlados por empresas externas (principalmente las americanas Visa o Mastercard); algo que, sin duda, aporta una cierta autonomía monetaria a la UE.
¿Cómo se llevará a cabo este proyecto?
El funcionamiento del euro digital se basará en un modelo en el que el Banco Central Europeo gestionará la plataforma principal, mientras que los bancos y entidades financieras actuarán como intermediarios, ofreciendo servicios como carteras digitales, atención al cliente, ofreciendo servicios de límite de pago en euros digitales, o integración en aplicaciones (al menos, en las bancarias). Permitirá tanto pagos online como offline mediante tecnologías seguras, lo que facilitará su uso incluso sin conexión a internet.
Algo tiene que quedar claro: el euro digital no va a servir para pedir préstamos o para invertir, pero tampoco va a generar intereses. Simplemente será un instrumento de pago, como el efectivo, las tarjetas o el Bizum.
El eterno debate del control y la seguridad de los pagos
En cuanto a la seguridad y la privacidad, el sistema está diseñado para proteger a los usuarios. Los pagos offline serán prácticamente anónimos, mientras que los pagos online solo podrán ser rastreados en casos legales específicos, como investigaciones por fraude. Por otro lado, el banco sí será conocedor del dinero que tenemos en euros digitales (como pasa ahora mismo con el dinero del que disponemos en nuestra cuenta bancaria).
Además, se establecerán límites máximos de saldo por usuario para evitar riesgos financieros, alertados ya en 2022 por un informe del FMI (Fondo Monetario Internacional). A este respecto, se habla de un tope de 3.000 euros digitales por ciudadano. Como ya hemos dicho, al tratarse únicamente de una forma de pago no generará intereses, pero tampoco repercutirá comisiones al usuario.
¿Y qué riesgos tiene esta forma de pago?
Cientos de millones de pagos realizaremos los europeos en los próximos años. Sin la seguridad necesaria en cada una de esas transacciones, estaríamos hablando de un caldo de cultivo perfecto para los hackers. En este sentido, El Banco de Pagos Internacionales ha advertido que, si fallase la seguridad de la moneda digital europea, podría derrumbarse de golpe la confianza en el sistema financiero. Y eso es lo peor que podría ocurrir.
Otro riesgo evidente es el de la inclusión y la accesibilidad. El diseño de este medio de pago tiene que ser lo suficientemente robusto para evitar los riegos expuestos anteriormente, pero, por otro lado, poder funcionar en dispositivos móviles de gama baja o adaptados a los problemas de accesibilidad particulares de los usuarios.
Y es que algo más de una quinta parte de los europeos (en concreto, el 21%) cuya edad oscila entre los 16 y los 74 años, según un informe de Eurostat de 2023, ni siquiera llegaba a las habilidades digitales básicas. Eso son muchos millones de consumidores a los que no se abriría esta nueva forma de pago.
Desmontando bulos…
Por último, existen varios bulos sobre el euro digital, que pasamos a desmentir:
- “Dejaré de poder pagar en efectivo en cuanto entre en vigor”: como ya hemos aclarado, el euro digital convivirá con el dinero en efectivo, no lo va a sustituir de ninguna manera.
- “Me van a controlar en cada pago que haga”: también hemos concluido en este artículo que no se almacenarán datos personales con fines comerciales y que no se limitará en qué se puede gastar el dinero.
- “Van a limitar el gasto o se prohibirán transacciones”: es falso, ya que no se tendrá en cuenta el comportamiento de los gastos, tampoco en relación a la huella de carbono o al tipo de actividades sociales que se realicen y se paguen en euros digitales.
- “La UE vigilará las transacciones”: también es mentira, ya que ninguna transacción requerirá la aprobación de ningún Estado.
¿Qué concluimos con todo ello?
Creemos que el euro digital representa un cambio importante en el sistema de pagos europeo, ya que va en consonancia con los nuevos tiempos de la era digital, pero cuya creación exige retos serios en términos de confianza, privacidad y accesibilidad. Sin estos tres pilares bien fundamentados y afianzados desde la creación de esta moneda digital, creemos que va a ser difícil (si no imposible) que una gran parte de los ciudadanos europeos lo acabe adoptando como forma de pago habitual.
El BCE tiene aún un duro trabajo por delante.
Equipo Técnico ADICAE CASTILLA Y LEÓN


