La desigualdad económica entre mujeres y hombres no es abstracta. Se mide en acceso al crédito, en estabilidad laboral y en capacidad para afrontar el coste de la vida.
En España, una parte de las mujeres se dedican en exclusiva al hogar y a los cuidados no remunerados y en situación de dependencia económica. En el contexto actual marcado por la inflación y el encarecimiento continuado de bienes y servicios básicos, como la energía, la alimentación o la vivienda, la presión sobre la economía doméstica se multiplica.
El aumento del coste de la vida repercute de forma directa en el consumo cotidiano, obligando a ajustar gastos esenciales y limitando la capacidad de ahorro. Esta realidad evidencia cómo la inflación no afecta por igual a todas las personas, sino que impacta con mayor dureza a las mujeres consumidoras como a las mujeres consumidoras responsables de los cuidados trabajen o no.
ADICAE, que defiende a la mujer consumidora frente a abusos bancarios, cláusulas abusivas, sobrecostes energéticos y prácticas que generan desigualdad económica, afirmamos que la igualdad también debe garantizarse en la vida cotidiana.
Y ¿QUÉ ES LO QUE REIVINDICAMOS?
Educación financiera desde edades tempranas para fortalecer la autonomía económica de niñas y jóvenes.
Mayor control y transparencia en los precios de bienes esenciales como la energía, la vivienda y los servicios financieros.
La supresión de sobrecostes injustificados en bienes y servicios dirigidos al consumo femenino.
Que las decisiones económicas y financieras incorporen la perspectiva de género y no perpetúen desigualdades existentes.
La adopción de medidas eficaces que combatan la dependencia financiera de las mujeres, que merman su autonomía y las sitúa en muchos casos en escenarios de sobreendeudamiento.
La igualdad real también se afianza protegiendo a las mujeres consumidoras frente a cláusulas abusivas, frente a la falta de transparencia en productos financieros y frente a prácticas de mercado que condicionan o restringen su independencia económica.


