Cada vez pagamos más… y poseemos menos. La economía de las suscripciones

Hace años comprábamos un CD para escuchar música, un programa informático para instalarlo en el ordenador, un videojuego o una película para verla cuando quisiéramos. Hoy, en cambio, cada vez es más habitual pagar una cuota mensual o anual para acceder a un servicio mientras dura la suscripción, es decir, mientras sigas pagando. Todo eso ya no nos pertenece.

Este cambio responde a un modelo de consumo cada vez más extendido: la economía de las suscripciones. Plataformas audiovisuales, música en streaming, almacenamiento en la nube, aplicaciones móviles, inteligencia artificial, programas informáticos, prensa digital o incluso algunos servicios vinculados a nuestros coches funcionan ya mediante pagos periódicos.

Las suscripciones ofrecen comodidad y permiten acceder a una gran variedad de servicios sin realizar un gran desembolso inicial. Sin embargo, también han cambiado nuestra relación con el consumo. Precisamente por ello, la normativa también comienza a adaptarse a esta realidad, reforzando los derechos de los consumidores frente a las renovaciones automáticas facilitando la cancelación de las suscripciones.

Cada vez estamos suscritos a más servicios

Muchas personas pagan cada mes por varios servicios diferentes. Puede tratarse de plataformas audiovisuales, aplicaciones para el teléfono móvil, gimnasios, almacenamiento en la nube o incluso cafeteras o impresoras que funcionan mediante cuotas periódicas.

El problema es que, aunque cada suscripción mensual tenga un coste reducido o que “apenas notamos”, la suma de todos ellos puede representar un gasto importante al cabo del mes o del año.

¿Compramos realmente o solo pagamos por utilizar?

Hace unos años, comprar un disco un programa informático o una película significaba que ese producto pasaba a formar parte de nuestro patrimonio. Hoy, con muchos servicios digitales ocurre algo distinto: mientras pagamos podemos acceder a ellos, pero en cuanto dejemos de hacerlo perdemos el acceso, nunca van a ser de nuestra propiedad.

Esto sucede con plataformas audiovisuales, aplicaciones de edición, servicios de almacenamiento, videojuegos o herramientas de inteligencia artificial. En muchos casos, el consumidor deja de ser propietario del servicio que paga para convertirse en un usuario temporal del mismo.

El riesgo de pagar por servicios que ya no utilizamos

Uno de los principales inconvenientes de este modelo es que muchas suscripciones pasan desapercibidas.

Es frecuente contratar un servicio para ver una serie concreta, aprovechar el periodo gratuito, probar una aplicación durante unas semanas o suscribirnos mediante una oferta temporal y olvidarse después de cancelar la suscripción.

En otros casos, el consumidor mantiene la suscripción “por si vuelve a necesitarla”, aunque apenas haga uso del servicio.

Esta situación se ve favorecida por las cuotas de pequeño importe. Un cargo de pocos euros al mes suele pasar más desapercibido que un pago único elevado. Por ello, revisar periódicamente los cargos recurrentes de la cuenta bancaria puede ayudar a detectar servicios que ya no utilizamos y reducir gastos innecesarios.

Suscribirse es fácil… darse de baja no siempre

Contratar una suscripción suele llevar apenas unos minutos. Sin embargo, cancelar algunos servicios ha resultado tradicionalmente mucho más complicado.

Procesos largos, menús difíciles de localizar, múltiples confirmaciones o la ausencia de recordatorios antes de la renovación han provocado numerosas quejas por parte de los consumidores.

Precisamente para reforzar la protección de los usuarios, la Ley de Servicios de Atención a la Clientela incorpora nuevas obligaciones para las empresas que ofrecen este tipo de servicios.

La nueva ley pone fin a las renovaciones automáticas “por sorpresa”

La nueva normativa establece que las empresas deberán avisar al consumidor con al menos 15 días de antelación antes de que una suscripción contratada por internet o mediante una aplicación vaya a renovarse automáticamente.

Además, deberán ofrecer información clara sobre cómo cancelar el servicio si el usuario no desea continuar.

El objetivo es evitar que los consumidores sigan pagando por servicios que ya no utilizan simplemente porque olvidaron la fecha de renovación o desconocían que la suscripción continuaba activa.

Se trata de una medida que busca fomentar un consumo más consciente y reducir uno de los problemas más habituales de la economía de las suscripciones.

¿Por qué las empresas apuestan por las suscripciones?

Este modelo beneficia tanto a consumidores como empresas. Los usuarios pueden acceder a servicios sin realizar un gran desembolso inicial, mientras que las compañías obtienen ingresos periódicos y una mayor fidelización de sus clientes sin dejar de ser los propietarios del servicio.

Consejos para suscribirte con control

Aunque la nueva regulación ofrece mayor protección, también conviene adoptar algunos hábitos sencillos:

  • Revisar periódicamente los cargos recurrentes de la cuenta bancaria.
  • Comprobar las suscripciones activas.
  • Valorar si realmente se utiliza su servicio.
  • Cancelar aquellas suscripciones que ya no aportan valor.
  • Aprovechar el aviso de renovación para decidir si merece la pena continuar.

Las suscripciones han llegado para quedarse y ofrecen muchas ventajas, pero exigen un consumo más consciente. En muchas ocasiones, una simple revisión o “limpieza” de suscripciones puede suponer un ahorro considerable sin renunciar a los servicios que sí utilizamos realmente.

Equipo Técnico ADICAE Castilla y León

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